Mansfield Park
Mansfield Park La sugerencia fue bien acogida. Todo el mundo se estaba cansando de la indecisión, y lo primero que pensaron fue que hasta ahora no se había propuesto nada tan apropiado para cada uno. El señor Yates se sintió particularmente complacido: había estado soñando con hacer de barón en Ecclesford, había envidiado cada parlamento de lord Ravenshaw, y lo había repetido en su habitación. Tronar con el barón Wildenhaim era la cumbre de su ambición teatral; y con la ventaja de saberse ya la mitad de las escenas, se ofreció ahora con la mayor diligencia para dicho papel. Para hacerle justicia, no obstante, decidió no quedárselo sin más… porque, recordando que había muy buenos parlamentos en el de Frederick, profesaba igual deseo de hacer este otro. Henry Crawford estaba dispuesto a aceptar cualquiera de los dos. Se contentaría gustosamente con el que el señor Yates no quisiera; y siguió un breve intercambio de cortesías. La señorita Bertram, que sentía todo el interés de una Agatha en la cuestión, se encargó de decidirlo, haciendo ver al señor Yates que éste era un asunto en el que debía tenerse en cuenta la estatura y la figura, y que siendo la suya la más alta, parecía irle mejor hacer de barón. Reconocieron que tenía toda la razón, y tras ser aceptados los dos papeles conforme a eso, estuvo segura del propio Frederick. Había, pues, tres papeles adjudicados —sin contar al señor Rushworth que, siempre según Maria, haría con mucho gusto el que le diesen—, cuando Julia, que pensaba en hacer de Agatha como su hermana, empezó a sentir escrúpulos por la señorita Crawford.