Mansfield Park
Mansfield Park La grandiosidad de la casa la asombraba, pero no la consolaba. Las habitaciones eran demasiado grandes para moverse a gusto en ellas; temÃa estropear lo que tocaba, y andaba constantemente aterrada por unas cosas o por otras, retirándose a menudo a su propio cuarto a llorar; y la niña de la que hablaban en el salón cuando ésta lo abandonaba por las noches —aparentemente convencida de su suerte excepcional— acababa sus penas del dÃa sollozando hasta quedarse dormida. Asà habÃa transcurrido una semana, sin que su conducta callada y pasiva despertara ninguna sospecha, cuando una mañana la encontró su primo Edmund, el más joven de los chicos, llorando en la escalera del ático.
—Mi querida primita —dijo con toda la dulzura de un carácter bondadoso—, ¿qué te pasa?