Mansfield Park
Mansfield Park Pero las cuestiones del teatro estuvieron en suspenso sólo una hora o dos; aún quedaban muchas cosas por resolver; y cobrando nuevo impulso el ánimo de la noche, poco después de reunirse todos en el salón, Tom, Maria y el señor Yates fueron a sentarse en comisión a una mesa separada, con la obra abierta delante; y se estaban enfrascando en el tema, cuando se vieron gratamente interrumpidos por la aparición del señor y la señorita Crawford, los cuales, pese a lo tarde y oscuro y embarrado que estaba, no quisieron dejar de ir; y fueron recibidos con la mayor alegría.
«¿Qué tal, cómo marcha todo?», y «¿Qué han acordado?», y «No podemos hacer nada sin ustedes», siguieron a los primeros saludos; y Henry Crawford se sentó inmediatamente junto a la mesa con los otros tres, mientras su hermana se acercaba a lady Bertram, a presentarle sus respetos con amable deferencia.
—Tengo que felicitar a su señoría —dijo—, porque al fin han escogido obra. Porque aunque la naturaleza la ha dotado de una paciencia ejemplar, estoy segura de que está cansada de todas nuestras discusiones y diferencias. Puede que eso satisfaga a los actores, pero los circunstantes agradecen infinitamente más que lleguen a una decisión; así que le doy con toda sinceridad esta alegría; y a la señora Norris, y a todos los que están en la misma situación —mirando medio con temor, medio maliciosa, más allá de Fanny, a Edmund.