Mansfield Park
Mansfield Park Lady Bertram le contestó muy cortésmente, pero Edmund no dijo nada. No rechazó que se le considerase mero «circunstante». Tras conversar unos minutos con el grupo sentado ante el fuego, la señorita Crawford volvió al de la mesa; y de pie junto a ellos, pareció seguir interesada sus planes, hasta que, como acordándose de repente, exclamó:
—Mis buenos amigos, observo que están muy plácidamente enfrascados en esas casas y tabernas, interiores y exteriores… pero, por favor, díganme, ¿cuál es mi destino? ¿Quién va a ser Anhalt? ¿A qué caballero de entre ustedes voy a tener el placer de amar?
Durante un momento, se quedaron en suspenso; y a continuación se pusieron todos a contar la triste realidad: aún no tenían un Anhalt. El señor Rushworth iba a ser el conde Cassel, pero nadie había escogido el papel de Anhalt.
—Podía haberlo escogido yo —dijo el señor Rushworth—; pero he pensado que me gusta más el del conde… Aunque no me acaban de convencer las galas que me toca llevar.
—Ha elegido muy atinadamente, desde luego —replicó la señorita Crawford con expresión animada—. El de Anhalt es un papel difícil.
—El conde tiene cuarenta y dos intervenciones —dijo el señor Rushworth—: no es ninguna bagatela.