Mansfield Park
Mansfield Park —No me sorprende que falte Anhalt —dijo la señorita Crawford, tras una breve pausa—. Amelia no se merece otra cosa. Una joven tan atrevida puede muy bien asustar a los hombres.
—A mà me encantarÃa hacer ese papel, si pudiera —exclamó Tom—. Pero por desgracia, el mayordomo y Anhalt intervienen juntos. De todos modos, no lo voy a descartar… veré qué se puede hacer… Echaré un vistazo otra vez.
—DeberÃa hacerlo su hermano —dijo el señor Yates en voz baja—. ¿No cree?
—No se lo voy a pedir —replicó Tom con gesto frÃo y decidido.
La señorita Crawford se puso a hablar de otra cosa, y poco después fue a reunirse con el grupo de la chimenea.
—No me quieren con ellos —dijo sentándose—. No hago más que confundirlos, y obligarles a decir palabras corteses. Señor Edmund Bertram, puesto que no va a participar en la obra, puede hacer de consejero desinteresado; asà que a usted apelo. ¿Qué podemos hacer con Anhalt? ¿Es factible que lo doble alguno de los otros? ¿Qué aconsejarÃa usted?
—Lo que yo aconsejarÃa —dijo Edmund con tranquilidad— es que cambiaran de obra.