Mansfield Park
Mansfield Park —No me importarÃa —replicó ella—; porque aunque no me desagrada especialmente el papel de Amelia si está bien apoyado, o sea, si trabajamos todos bien, siento que se considere inconveniente. Pero nadie de esa mesa —mirando hacia allà quiere escuchar su consejo, y desde luego no lo seguirán.
Edmund no dijo nada más.
—De haber un papel capaz de tentarle, supongo que serÃa el de Anhalt —comentó la dama con astucia, tras una breve pausa—; porque es sacerdote, claro.
—Ese detalle no me tentarÃa en absoluto —replicó él—; ya que sentirÃa ridiculizar al personaje con mi mala actuación. Debe de ser muy difÃcil evitar que Anhalt parezca un predicador formalista y solemne; y el hombre que escoge esa profesión es, quizá, el último en querer representarla en un escenario.
La señorita Crawford se quedó callada. Y con cierto resentimiento y mortificación, acercó más la silla a la mesa del té, y concentró su atención en la señora Norris que la presidÃa.
—Fanny —exclamó Tom Bertram desde la otra mesa, donde proseguÃa atentamente la conferencia y la incesante conversación—, necesitamos tus servicios.
Fanny se levantó inmediatamente, esperando que le encargasen algún recado; porque aún no se habÃa perdido la costumbre de emplearla de ese modo, pese a toda la oposición de Edmund.