Mansfield Park
Mansfield Park —No, no hace falta que te levantes. No te necesitamos en este momento. Sólo será para nuestra obra. Harás de mujer del campesino.
—¿Yo? —exclamó Fanny, sentándose otra vez con la expresión más asustada—. Sinceramente deseo que se me excuse. No podrÃa hacer ningún papel aunque me diesen todo el oro del mundo. No; decididamente no puedo.
—Lo siento, pero tendrás que hacerlo; no te podemos dispensar. No tienes por qué asustarte: es una pequeñez de papel, una insignificancia, con una docena de intervenciones todo lo más; y no importará mucho si nadie te oye decir una palabra; asà que puedes ser todo lo apocada que quieras. Pero necesitamos que se te vea.
—Si le dan miedo media docena de intervenciones —exclamó el señor Rushworth—, ¿qué harÃa usted con un papel como el mÃo? Tengo que aprenderme cuarenta y dos.
—No me da miedo aprender de memoria lo que sea —dijo Fanny, asustada al ver que era la única que tenÃa la palabra en ese momento en la habitación, y notar que casi todas las miradas estaban puestas en ella—; es que no puedo actuar.