Mansfield Park
Mansfield Park —SÃ, sÃ; lo harás sobradamente bien para nosotros. Tú apréndete el papel, y ya te enseñaremos lo demás. Sólo tienes dos escenas, y yo seré el campesino; yo te introduciré y te sacaré; y lo harás muy bien, respondo de ello.
—De ningún modo, Tom Bertram; y perdóname. No lo comprendes. Me es absolutamente imposible. Si lo hiciera, lo único que conseguirÃa es decepcionar a todos.
—¡Vamos! ¡Vamos! No seas tan vergonzosa. Lo harás muy bien. Seremos todo lo comprensivos que haga falta. No esperamos que seas perfecta. Te pondrás un vestido marrón, un delantal blanco y una cofia, te pintaremos algunas arrugas y patas de gallo en los ojos, y harás una viejecita perfecta.
—Tienes que disculparme, de veras; tienes que disculparme —exclamó Fanny cada vez más colorada por la excesiva confusión, mirando con angustia a Edmund, que la observaba amablemente; pero como Edmund no querÃa exasperar a su hermano interviniendo, se limitó a dirigirle una sonrisa de aliento. Sus súplicas no tuvieron efecto alguno en Tom, que repitió lo que habÃa dicho antes; y no sólo Tom: su petición fue apoyada por Maria, el señor Crawford y el señor Yates con una insistencia más amable y ceremoniosa que la suya, pero que resultaba absolutamente abrumadora para Fanny. Y antes de que pudiera replicar, la señora Norris completó el acoso diciéndole en un susurro a la vez irritado y audible: