Mansfield Park
Mansfield Park Demasiado pronto se encontró en la puerta del salón; se detuvo un momento, esperando lo que sabÃa que no le iba a venir —un valor que el exterior de una puerta jamás le habÃa dado—, hizo girar el pomo con desesperación, y tuvo delante las luces del salón, y a toda la familia reunida. Al entrar, le llegó al oÃdo su propio nombre. Sir Thomas miraba en ese momento a su alrededor, diciendo: «Pero ¿dónde está Fanny? ¿Cómo es que no veo a mi pequeña Fanny?». Y al descubrirla, fue hacia ella con un afecto que la asombró y la emocionó, llamándola su querida Fanny, besándola con afecto, ¡y comentando con manifiesto placer cuánto habÃa crecido! Fanny no sabÃa qué pensar, ni adónde mirar. Estaba abrumada. Jamás se habÃa mostrado tan amable, tan amabilÃsimo con ella. Su actitud parecÃa haber cambiado; su voz sonaba acelerada por la excitación de la alegrÃa, y todo lo que habÃa sido sobrecogedor en su dignidad parecÃa haberse cambiado en ternura. La acercó a la luz y volvió a contemplarla; le preguntó por su salud; y luego, corrigiéndose, comentó que no necesitaba preguntar, dado que su aspecto era suficientemente elocuente sobre ese punto. El delicado rubor que sustituyó a la anterior palidez de su rostro confirmó su creencia de que habÃa mejorado en salud y belleza. A continuación le preguntó por su familia, sobre todo por William; y su amabilidad en general era tanta que la hizo reprocharse haberle querido tan poco, y haber considerado su regreso una desgracia. Y cuando encontró valor para mirarle a la cara, y vio que habÃa adelgazado y tenÃa el aspecto tostado, ajado y consumido por la fatiga y el clima tórrido, sintió que aumentaban sus tiernos sentimientos, y le pesó considerar cuánto disgusto insospechado estaba a punto de abatirse sobre él.