Mansfield Park
Mansfield Park —Le aseguro, mi querido sir Thomas, que una taza de sopa le sentarÃa mucho mejor que el té. Tómese una taza de sopa.
Sir Thomas no se dejó provocar.
—Siempre la misma preocupación por el bienestar de los demás, mi querida señora Norris —le respondió—. Pero de veras no quiero tomar otra cosa que té.
—Entonces, lady Bertram, convendrÃa que ordenaras preparar ya el té, y le metieras un poco de prisa a Baddely, que parece que anda retrasado esta noche. —Se fue a llevar este encargo, y sir Thomas prosiguió su relato.
Finalmente, hubo una pausa. HabÃa agotado todos los temas de momento, y le pareció suficiente mirar a su alrededor con satisfacción, ora a uno, ora a otro del cÃrculo amado; aunque no se prolongó mucho este silencio: llevada de su euforia, lady Bertram se volvió habladora; y cuál no serÃa la sorpresa de sus hijos cuando la oyeron decir:
—¿A que no sabes cómo se han estado divirtiendo últimamente estos jóvenes, sir Thomas? Haciendo teatro. Se lo han pasado maravillosamente actuando.
—¿De verdad? ¿Y qué han representado?
—¡Ah! Ellos mismos te lo contarán todo.