Mansfield Park
Mansfield Park Se dirigieron al teatro, y llegaron justo a tiempo de presenciar el primer encuentro de su padre con su amigo. Sir Thomas se había quedado muy sorprendido al descubrir velas encendidas en su despacho; y al echar una mirada alrededor, notó otros indicios de que habían estado allí recientemente, y de que reinaba cierto desorden en los muebles. Sobre todo le sorprendió descubrir que habían quitado la estantería de delante de la puerta que daba a la habitación del billar; pero apenas tuvo tiempo de asombrarse de todo esto, cuando oyó un ruido en la habitación del billar que aún le dejó más asombrado. Alguien hablaba allí en tono fuerte… no conocía la voz… más que hablar, vociferaba. Se dirigió a la puerta, alegrándose en ese momento de que estuviera despejada; y al abrirla se encontró en el escenario de un teatro, frente a un joven que declamaba con exageración, y que pareció a punto de tumbarle de espaldas. En el mismo instante en que Yates descubría a sir Thomas, y ejecutaba quizá el mejor sobresalto de cuantos había intentado en el curso entero de sus ensayos, entró Tom Bertram por el otro extremo de la habitación; y en su vida encontró más difícil mantenerse serio. La expresión de solemnidad y asombro de su padre en su primera aparición en un escenario, y la gradual metamorfosis del apasionado barón Wildenhaim en el educado y tranquilo señor Yates, saludando a sir Thomas con una inclinación de cabeza y murmurando unas palabras de excusa fue una exhibición, una muestra de actuación consumada, que no hubiera querido perderse por nada. Sería la última, con toda probabilidad, la última escena representada en ese escenario; pero estaba seguro de que no podía haber habido otra mejor. La empresa cerraría con el más brillante éxito.