Mansfield Park
Mansfield Park —No digo que no sea un caballero, en realidad; aunque debería decir a su padre que no mide más de uno sesenta; de lo contrario, tal vez espere conocer a un hombre apuesto.
Sir Thomas no entendió el comentario, y miró con sorpresa al que había hablado.
—Si quieren mi opinión —prosiguió el señor Rushworth—, me parece muy desagradable estar ensayando continuamente. Es como repetir demasiadas veces una buena comida. Ya no me gusta actuar como al principio. Creo que lo pasamos infinitamente mejor sentados cómodamente aquí, todos juntos, sin hacer nada.
Sir Thomas volvió a mirarle, y luego replicó con una sonrisa de aprobación:
—Me alegra que nuestra forma de pensar sea tan coincidente en esta cuestión. Me satisface de veras. Es muy lógico que yo sea precavido y perspicaz, y tenga muchos escrúpulos que mis hijos no tienen; asimismo, mi valoración de la tranquilidad doméstica, de un hogar cerrado a los placeres ruidosos, supera con mucho la de ellos. Pero que piense usted igual a su edad es una circunstancia que dice mucho en favor de usted y de todos los emparentados con usted; y aprecio la importancia de tener un aliado de tal peso.