Mansfield Park
Mansfield Park —Espero que sigamos juzgando esa relación merecedora de las molestias tomadas para establecerla. No hay nada notable en los modales del señor Rushworth; pero anoche vi con agrado cuál parece ser su opinión sobre determinado asunto: su decidida preferencia por una plácida reunión familiar frente al bullicio y confusión de una representación teatral. Al parecer piensa exactamente como uno puede desear.
—Sí, efectivamente… Y cuanto más le conozca, más le agradará. No es un joven brillante, ¡pero tiene mil cualidades buenas!; y es tan inclinado a respetarle a usted, que todos se ríen de mí porque piensan que eso es obra mía: «Vaya, señora Norris», dijo el otro día la señora Grant, «si el señor Rushworth fuera hijo suyo, no mostraría más respeto por sir Thomas».
Sir Thomas, vencido por las evasivas de la señora Norris, desarmado por sus adulaciones, renunció a hablar del asunto, y tuvo que darse por satisfecho con la convicción de que, cuando se trataba del placer de los que amaba, su afecto predominaba a veces sobre su juicio.