Mansfield Park
Mansfield Park —Quizá parezca una impertinencia por mi parte, pero admiro el gusto que la señora Grant ha demostrado en todo esto. ¡Qué discreta sencillez hay en el trazado de este paseo! ¡No se ha intentado nada complicado!
—Sà —contestó la señorita Crawford con desinterés—, está muy bien para un lugar como éste. No se piensa en amplitud aquÃ… y entre nosotras, nunca habÃa imaginado, hasta que vine a Mansfield, que una parroquia rural aspirase a tener un paseo de arbustos ni nada parecido.
—¡A mà me encanta ver cómo crecen los arbustos! —contestó Fanny—. El jardinero de mi tÃo dice que la tierra de aquà es mejor que la suya, y parece que es asÃ, a juzgar por cómo crecen los laureles y los arbustos de hoja perenne en general. ¡Los de hoja perenne! ¡Qué belleza, qué maravilla, qué prodigio, los arbustos de hoja perenne! ¡Qué variedad más asombrosa de la naturaleza, si nos paramos a pensar! En algunos paÃses sabemos que la variedad está en los árboles que pierden la hoja, pero eso no hace menos asombroso que el mismo suelo y el mismo sol alimenten plantas que difieren en la primera regla y ley de su existencia. Quizá piense que exagero; pero cuando salgo, sobre todo cuando me siento al aire libre, tiendo a dejarme llevar por esta especie de inclinación al asombro. No puedo poner los ojos en el producto más vulgar de la naturaleza sin encontrar materia para las divagaciones.