Mansfield Park
Mansfield Park Fanny no dijo nada, y la señorita Crawford se quedó pensativa; hasta que, de repente, alzando los ojos al cabo de unos minutos, exclamó:
—¡Ah!, aquà está él. —Pero no era el señor Rushworth, sino Edmund que en ese momento apareció andando hacia ellas, con la señora Grant—. Mi hermana y el señor Bertram. Me alegro de que su primo mayor se haya ido; asà él puede volver a ser el señor Bertram. Eso de «el señor Edmund Bertram» suena tan solemne, tan penoso, tan de hermano menor, que lo detesto.
—¡Qué diferente pensamos! —exclamó Fanny—. Para mÃ, «el señor Bertram» es una cosa frÃa que no significa nada, una cosa sin calor ni carácter. Es un tratamiento de caballero, nada más. En cambio en el nombre de Edmund hay nobleza. Es un nombre de heroÃsmo y renombre: de reyes, prÃncipes y caballeros armados; y parece alentar el espÃritu de la caballerÃa y de los afectos acendrados.
—Concedo que el nombre es bonito en sà mismo, y que lord Edmund o sir Edmund suenan maravillosamente; pero sumérjalo en el frÃo, en el anonadamiento de un «señor»… y encontrará que «señor Edmund» es tanto como «señor John» o «señor Thomas». Bueno, ¿vamos al encuentro de ellos, y nos ahorramos la mitad de su sermón por sentarnos al aire libre en esta época del año, estando de pie antes de que empiecen?