Mansfield Park
Mansfield Park —¡Delicias domésticas de la vida pueblerina! —dijo la señorita Crawford con sarcasmo—. Recomiéndame al verdulero y al pollero.
—Mi querida niña, recomienda tú al doctor Grant al deanato de Westminster o al de San Pablo, y me alegraré de tu verdulero y tu pollero tanto como tú. Aquà en Mansfield no tenemos ese personal. ¿Qué quieres que haga?
—¡Bueno! No puedes hacer nada, aparte de lo que ya haces: dejar que te atormenten continuamente sin perder nunca la paciencia.
—Muchas gracias, Mary; pero no hay manera de escapar a estos pequeños disgustos. Vivimos donde podemos vivir; y cuando tú residas en la capital y vaya a verte, creo que te encontraré con los tuyos, a pesar del verdulero y el pollero… o quizá precisamente por ellos. Su distancia y falta de puntualidad, o sus precios y fraudes exorbitantes, te arrancarán amargas quejas.
—Pienso ser demasiado rica para lamentar ni sentir nada de eso. Una buena renta es la mejor receta para la felicidad, que yo sepa. Desde luego, puede asegurarme todo el mirto y el pavo que me apetezca.
—¿Piensa ser muy rica? —dijo Edmund, con una expresión que, a los ojos de Fanny, tenÃa muy grave significado.
—Por supuesto. ¿Usted no? ¿No queremos serlo todos?