Mansfield Park
Mansfield Park —Vaya —exclamó la señorita Crawford—, ¡son ustedes los amigos más decepcionantes e insensibles que he conocido! No hay manera de inspirarles un momento de inquietud. ¡No saben lo mucho que hemos sufrido, ni el frÃo que hemos pasado! Pero hace mucho que tengo al señor Bertram por una de las personas que menos se dejarÃa influir por cualquier pequeña maniobra contra el sentido común con que fuera atormentada una mujer. TenÃa muy poca esperanza en él desde el principio; pero a ti, señora Grant, y hermana, mi hermana del alma, creo que tenÃa derecho a alarmarte un poco.
—No te hagas ilusiones, mi queridÃsima Mary. No tienes la más pequeña posibilidad de conmoverme. Tengo mis temores, pero van en una dirección totalmente distinta; y si tuviese el poder de alterar la meteorologÃa, te habrÃa estado soplando todo el tiempo un ventarrón del este: porque hay aquà algunas de mis plantas que Robert dejará a la intemperie porque las noches son suaves; y sé que al final vendrá un cambio repentino, caerá una helada que cogerá a todo el mundo desprevenido, a Robert al menos, y las perderé todas. Y lo que es peor, la cocinera me ha estado diciendo que el pavo que yo tenÃa interés en preparar el domingo, porque sé que el doctor Grant lo disfrutarÃa mucho más en domingo, después de los rigores del dÃa, no aguantará más allá de mañana. Ésas son algunas de las quejas que me hacen considerar el tiempo inoportunamente sofocante.