Mansfield Park
Mansfield Park —Tuvimos mala suerte, señorita Price —continuó en tono más bajo, para evitar que le oyera Edmund, y totalmente ignorante de los sentimientos de ella—; tuvimos verdadera mala suerte. Una semana más, sólo una semana más, nos habrÃa bastado. Creo que si hubiésemos podido disponer los acontecimientos, si Mansfield Park hubiese podido gobernar los vientos del equinoccio sólo por una semana o dos, habrÃa sido diferente. No quiero decir que habrÃamos hecho peligrar su seguridad con un temporal… pero habrÃamos mandado un viento constante en contra, o una calma. Creo, señorita Price, que nos habrÃamos concedido una semana de calma en el Atlántico, en esa época del año.
ParecÃa decidido a recibir contestación; y Fanny, sin mirarle, dijo en tono más firme de lo habitual:
—Lo que es yo, señor, no habrÃa retrasado su regreso un solo dÃa. Mi tÃo lo desaprobó tan totalmente a su llegada, que en mi opinión, habÃa llegado ya suficientemente lejos.
Jamás le habÃa dicho tantas palabras seguidas, y jamás habÃa hablado a nadie con tanta irritación. Y al terminar estaba temblando, y colorada ante su propio atrevimiento. El señor Crawford se quedó sorprendido; pero tras unos momentos de silencio por parte de ella, contestó en tono más calmado, más grave, y como si fuese sincero resultado de una convicción: