Mansfield Park

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El deseo fue más vehemente que duradero. Una pregunta de Edmund sobre sus planes de salir a cazar al día siguiente le sacó de su ensimismamiento de retrospección y del consiguiente pesar, y halló que también estaba bien ser hombre de fortuna, poseer caballos y tener mozos de cuadra a su disposición. En cierto sentido era incluso mejor, ya que le proporcionaba el medio de otorgar una gracia donde él quería complacer. Dotado de energía, intrepidez y curiosidad para todo, William manifestó interés por la caza; y Crawford pudo proveerle sin la menor molestia por su parte, y con sólo algún reparo de sir Thomas que superar —dado que conocía mejor que su sobrino el valor de tal préstamo— y alguna alarma de Fanny que disipar. Fanny tenía miedo por William; nada de cuanto éste le contó sobre su manejo del caballo en diversos países, sobre las partidas de descubierta en las que había participado, los broncos caballos y mulos que había montado, o sobre cómo había escapado milagrosamente de caídas terribles, de manera que estaba perfectamente capacitado para llevar un vigoroso caballo de caza en una cacería del zorro, pudo convencerla; ni pudo ella reconciliarse con el peligro hasta que su hermano regresó sano y salvo sin percance ni desdoro; ni mostrar al señor Crawford, por el préstamo del caballo, el agradecimiento que estaba él convencido de haber ganado. Una vez que se vio que William no había recibido daño alguno, Fanny fue capaz de permitirse una amabilidad, incluso de dedicar una sonrisa al propietario, cuando, primero, le fue devuelto el animal, y a continuación, con la mayor cordialidad y de una manera a la que no cabía negarse, éste se lo cedió para que lo utilizase a su antojo durante el tiempo que estuviese en Northamptonshire.


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