Mansfield Park
Mansfield Park —Nosotros saldremos perdiendo —prosiguió sir Thomas—. Su marcha, aunque sea a quince kilómetros, será una penosa reducción de nuestro cÃrculo familiar; pero me dolerÃa profundamente si cualquiera de mis hijos se conformara con menos. Es perfectamente comprensible que no haya pensado usted mucho en el asunto, señor Crawford. Pero una parroquia tiene carencias y exigencias que sólo llega a conocer el sacerdote que reside en ella de manera ininterrumpida, y a las que ningún poder es capaz de dar respuesta del mismo modo. Edmund podrÃa cumplir con sus obligaciones en Thornton, esto es, leer las oraciones y predicar, sin tener que marcharse de Mansfield Park; podrÃa acudir los domingos a una casa teóricamente habitada, y celebrar el servicio religioso; podrÃa ser el pastor de Thornton Lacey un dÃa a la semana, durante tres o cuatro horas, si se conformase con eso. Pero no será asÃ. Sabe que la naturaleza humana necesita más lecciones de las que puede transmitir un sermón semanal, que si no vive entre sus feligreses y demuestra con una constante atención que es su aliado y amigo, hará muy poco por el bien de todos ellos y por el suyo propio.
El señor Crawford asintió con aquiescencia.
—Y repito —añadió sir Thomas—: Thornton Lacey es el único lugar de la vecindad en donde no me gustarÃa acoger al señor Crawford como inquilino.