Mansfield Park
Mansfield Park El señor Crawford le dio las gracias con una inclinación de cabeza.
—Sir Thomas —dijo Edmund— ha comprendido evidentemente las obligaciones de un párroco. Esperemos que su hijo demuestre conocerlas también.
Fuera cual fuese el efecto de la pequeña arenga de sir Thomas en el señor Crawford, produjo cierto embarazo en otras dos personas que también estaban pendientes de sus palabras: la señorita Crawford y Fanny; una de ellas, ignorante hasta ese momento de que Thornton iba a convertirse tan por completo en el hogar de Edmund, meditó ahora con los ojos bajos cómo serÃa la vida sin verle a diario; la otra, arrancada de repente de las deleitosas fantasÃas en que la habÃan sumido las descripciones de su hermano, incapaz ya de eliminar la iglesia y borrar al sacerdote del cuadro que se habÃa estado forjando de Thornton, y de ver sólo la residencia respetable, elegante, modernizada y ocasional de un hombre de fortuna independiente, miraba a sir Thomas con decidida malevolencia, como el destructor de todo esto, y le producÃa tanto más dolor cuanto que esa contención involuntaria de sà misma que su carácter y su educación le imponÃan hacÃa que no se atreviese a desahogarse siquiera con un intento de ridiculizar la causa de él.