Mansfield Park
Mansfield Park —Pues entonces —replicó la señorita Crawford más seria, pero sin creerla en absoluto—, para convencerme de que no recela ninguna estratagema, y de que es persona confiada, como la he hallado yo siempre, acepte el collar y no hablemos más. El hecho de que sea un regalo de mi hermano no tiene absolutamente nada que ver con que lo acepte, y le aseguro que no afecta para nada a mi deseo de desprenderme de él. Él siempre me está regalando cosas. Tengo tal cantidad de regalos suyos que ni yo podrÃa valorar, ni él recordar, siquiera la mitad. Y en cuanto a este collar concreto, creo que no me lo he puesto ni media docena de veces. Es muy bonito… pero jamás pienso en él. Y aunque le ofrezco gustosamente cualquiera del joyero, ha ido a escoger precisamente el que, de haber sido yo, le habrÃa regalado, y le habrÃa visto llevarlo con más agrado. Y no ponga más objeciones, por favor. Una pequeñez como ésta no merece ni la mitad de palabras.
Fanny no se atrevió a seguir oponiéndose; y aceptó el collar otra vez con renovado pero menos entusiasta agradecimiento, porque en los ojos de la señorita Crawford habÃa una expresión que no la dejaba convencida.