Mansfield Park
Mansfield Park Era su intención —y creÃa que era su deber— intentar vencer todo lo que era excesivo, todo lo que rayaba en el egoÃsmo, en su afecto por Edmund. Llamarlo o considerarlo una pérdida, un desengaño, habrÃa sido una presunción para la que no tenÃa palabras lo bastante fuertes que apaciguasen su propia humildad. Pensar en él del mismo modo que la señorita Crawford tenÃa derecho a pensar, serÃa una locura. Para ella, Edmund no podÃa ser nada en absoluto… nada, sino un amigo. ¿Por qué se le ocurrÃa entonces una idea que tenÃa que reprobar y prohibir? No debÃa haberle tocado los confines de la imaginación. Se esforzarÃa en ser razonable, y merecer el derecho a juzgar el carácter de la señorita Crawford y el privilegio de la verdadera solicitud por él mediante un entendimiento sano y un corazón honesto.