Mansfield Park
Mansfield Park Fanny tenÃa todo el heroÃsmo de los principios, y estaba decidida a cumplir su deber; pero como tenÃa también muchos sentimientos juveniles y naturales, no es de extrañar que, tras haber tomado todas estas buenas resoluciones en cuanto a dominarse a sà misma, cogiera el trozo de papel en el que Edmund habÃa empezado a escribirle la nota como un tesoro sin esperanzas, y después de leerlo con tierna emoción: «QueridÃsima Fanny: quiero que me hagas el favor de aceptar…», lo guardara bajo llave, junto con la cadena, como la parte más apreciada del regalo. Era lo único aproximado a una carta que recibÃa de él. Jamás le habÃa escrito, y era imposible que recibiera otra más absolutamente gratificante en cuanto a ocasión y estilo. Jamás salieron dos lÃneas más apreciadas de la pluma del más distinguido escritor…, ni fueron más completamente bendecidas las investigaciones del más cariñoso biógrafo. El entusiasmo del amor femenino va mucho más allá incluso que el del biógrafo. Para ella, la escritura misma, independientemente de lo que pueda comunicar, es en sà una bendición. ¡Jamás hubo caracteres trazados por un ser humano, como los de la más rutinaria escritura de Edmund! Estas palabras, escritas a toda prisa como estaban, eran impecables. HabÃa una felicidad en la fluidez de las tres primeras palabras, en la disposición de «Mi queridÃsima Fanny», que habrÃa podido seguir contemplándolas eternamente.