Mansfield Park
Mansfield Park Estaban en el segundo piso, y la aparición de una criada les impidió seguir hablando. Para satisfacción de Fanny, se interrumpió quizá en el momento más feliz; de haber seguido hablando Edmund cinco minutos más, no sabemos si no se habría puesto a disertar sobre los defectos de la señorita Crawford y de su propio desaliento. En cambio así se separaron con una mirada de agradecido afecto en él, y un sentimiento sumamente precioso en ella. Hacía horas que Fanny no sentía nada parecido. Desde que se le desvaneció la primera alegría que le había traído la nota del señor Crawford a William, había permanecido hundida en el estado contrario, sin hallar sosiego dentro de ella, ni a su alrededor. Ahora, todo volvía a sonreírle. Otra vez le vino al pensamiento la suerte de William, y le pareció de más valor que al principio. También el baile: ¡qué acontecimiento placentero tenía ante sí! ¡Ahora era animado de verdad! Y empezó a vestirse para él con la feliz emoción que corresponde a un baile. Todo estaba bien: no le desagradó su aspecto. Y cuando llegó otra vez a los collares, su suerte fue completa; porque si bien lo intentó, no hubo forma de que el de la señorita Crawford pasara por el aro del crucifijo. Había decidido ponérselo para complacer a Edmund; pero era demasiado grueso. De modo que tendría que llevar la cadena. Y tras combinar con ilusionada ansiedad la cadena y el crucifijo, recordatorios de los dos seres más cercanos a su corazón, prendas hechas la una para la otra con todo lo real y todo lo imaginario, colgarse ambos objetos alrededor del cuello, y ver y sentir cuán impregnados estaban de William y de Edmund, fue capaz de decidir sin esfuerzo que se pondría el collar de la señorita Crawford también. Reconoció que estaba bien. La señorita Crawford tenía su derecho; y dado que ya no iba a usurpar, a interferir con más fuertes pretensiones, la más sincera amabilidad del otro, pudo hacerle justicia incluso complacida. En realidad, le sentaba muy bien; y Fanny abandonó finalmente la habitación, satisfecha de sí misma y de cuanto la rodeaba.