Mansfield Park
Mansfield Park Sir Thomas no dijo nada más; pero cuando se sentaron a la mesa, las miradas de los dos jóvenes le confirmaron que podÃa abordar de nuevo el tema con más éxito cuando se retirasen las damas. Fanny notó su aprobación; y el saber que su aspecto agradaba la hizo sentirse aún mejor. Por diversos motivos era feliz, y pronto la hicieron aún más; porque cuando sus tÃas abandonaron la habitación, Edmund, que sostenÃa abierta la puerta, le dijo al salir ella también:
—Tienes que bailar conmigo, Fanny; tienes que reservarme dos bailes; los dos que quieras, salvo los primeros.
Fanny no deseaba otra cosa. Nunca se habÃa encontrado en un estado tan cercano a la felicidad. Ya no le sorprendÃa la antigua alegrÃa de sus primas, el dÃa de baile; se daba cuenta de que era efectivamente delicioso; y se puso a practicar sus pasos en el salón, ahora que no se fijaba en ella su tÃa Norris, dedicada de momento a reordenar y lastimar el espléndido fuego que el mayordomo habÃa preparado.
Siguió media hora que en cualquier otra circunstancia habrÃa transcurrido lánguidamente; pero en Fanny aún predominaba la dicha. No tenÃa más que pensar en su conversación con Edmund, y ¿qué más daba la impaciencia de la señora Norris? ¿Qué importaban los bostezos de lady Bertram?