Mansfield Park
Mansfield Park Fue un dÃa pesado y melancólico. Poco después del segundo desayuno, Edmund se despidió para una semana, salió a caballo para Peterborough, y con ello se fueron todos. No quedaban de la noche anterior más que recuerdos que Fanny no tenÃa con quién compartir. Habló con su tÃa Bertram —tenÃa que hablar con alguien del baile—; pero su tÃa habÃa visto tan poco, y tenÃa tan poca curiosidad, que resultó una ardua tarea. Lady Bertram no estaba segura del vestido de nadie, ni del sitio de nadie en la cena, salvo del suyo. «No recordaba qué era lo que habÃa oÃdo sobre una de las señoritas Maddox, ni qué era lo que habÃa notado lady Prescott en Fanny; no estaba segura de si el coronel Harrison hablaba del señor Crawford o de William cuando dijo que era el joven más apuesto del salón; alguien le habÃa susurrado algo, pero habÃa olvidado preguntar a sir Thomas de qué se trataba». Y éstos fueron sus discursos más largos y sus explicaciones más claras; el resto fue sólo un lánguido «SÃ… sÃ… Muy bien. ¿De veras? No me di cuenta de eso. Yo no sabrÃa distinguir al uno del otro». Una verdadera pena. Aunque era preferible a las secas respuestas que le habrÃa dado la señora Norris; pero una vez que se fue ésta a su casa con toda la gelatina sobrante para cuidar a una criada enferma, reinó la paz y el buen humor en la reducida reunión, aunque no podÃa presumir de mucho más.
La noche fue pesada como el dÃa: