Mansfield Park
Mansfield Park La semana que tan serena y plácidamente transcurrió en la casa grande de Mansfield tuvo un carácter muy distinto en la casa parroquial. Al menos trajo sentimientos muy diferentes a las jóvenes damas de una y otra familia. Lo que era tranquilidad y bienestar para Fanny, era aburrimiento y fastidio para Mary. Algo de esto se debía a la diferencia de carácter y de hábitos: la una tan fácil de contentar, la otra tan poco acostumbrada a soportar nada; pero en mayor medida podría atribuirse a la diferente situación. En algunas cuestiones de interés, eran totalmente opuestas. Para Fanny, la ausencia de Edmund era verdaderamente causa de alivio. Para Mary, era dolorosa en todos los sentidos. Cada día, casi cada hora, sentía la falta de su compañía; y era demasiado grande esta falta para extraer otra cosa que irritación cuando pensaba cuál era el motivo por el que se había ido. No habría podido idear Edmund nada que hiciera aumentar más su importancia que esta semana de ausencia, justamente cuando se había marchado su hermano, y se había ido William Price también, completándose así la dispersión general de un grupo que había sido tan animado. Lo sentía vivamente. Ahora formaban un trío melancólico, confinado en casa por la lluvia seguida de la nieve sin interrupción, sin nada que hacer, ni esperanza de variedad. Enfadada como estaba con Edmund por mantener sus convicciones y obrar conforme a ellas sin tenerla en cuenta —tan enfadada que al separarse en el baile casi no lo habían hecho como amigos—, no podía dejar de pensar en él cuando estaba ausente, demorándose en sus méritos y su afecto, y añorando otra vez los encuentros casi diarios que habían tenido últimamente. Su ausencia era innecesariamente larga. No debía haber proyectado estar fuera tanto tiempo: no debía haberse marchado por una semana, cuando estaba tan cerca la fecha en que ella iba a irse de Mansfield. Luego empezó a culparse a sí misma. Deseó no haber puesto tanta vehemencia en su última conversación. Temía haber empleado alguna expresión demasiado fuerte, alguna palabra despreciativa, al hablar del clero, cosa que no debía haber hecho. Era de mala educación… y era injusto. Deseó de todo corazón no haberlo hecho.