Mansfield Park
Mansfield Park —Por favor, señor Crawford. Le ruego que no siga. Me es muy desagradable esta clase de conversación. Debo irme. No puedo soportarla.
Pero él continuó hablando, siguió describiendo sus sentimientos, solicitando ser correspondido y, finalmente, con palabras tan claras que no podían tener sino un solo significado incluso para ella, le ofreció su mano, su persona, su fortuna, cuanto poseía. Ya estaba: lo había dicho. El asombro y la confusión de Fanny eran enormes; y aunque aún no acababa de creer que hablara en serio, apenas podía tenerse de pie… Él insistió en que le diera respuesta.
—No, no, no —exclamó ella ocultándose el rostro—. Todo esto es absurdo. No me haga sufrir. No puedo seguir escuchando. Su amabilidad con William hace que me sienta más agradecida de lo que pueden expresar las palabras; pero no quiero, no puedo soportar, no debo escuchar semejante… No, no piense en mí. Pero no está pensando en mí. Sé que todo esto no significa nada.