Mansfield Park
Mansfield Park Estuvo un rato nerviosísima, escuchando, temblando y temiendo que la llamasen en cualquier momento; pero ningún ruido de pasos se acercaba a la habitación del este, así que se serenó poco a poco, se sentó, y fue capaz de ponerse a hacer algo, y de esperar que el señor Crawford hubiera venido y se fuera sin tener que saber ella nada del asunto.
Había transcurrido casi media hora, y estaba ya bastante tranquila, cuando oyó de repente unos pasos regulares; unos pasos pesados, inusitados en esa parte de la casa: eran los de su tío. Los reconocía igual que la voz; había temblado igual de veces al oírlos, y empezó a temblar otra vez ante la idea de que subiera a hablar con ella, fuera cual fuese el motivo. Efectivamente, fue sir Thomas quien abrió la puerta, y preguntó si estaba ella allí y si podía entrar. A Fanny se le renovó el terror de sus antiguas visitas ocasionales a esta habitación, y se sintió como si fuera a interrogarla nuevamente en francés e inglés.
Fanny se mostró muy atenta, no obstante, despejando una silla para él y tratando de aparentar que se sentía honrada. Y dominada por la agitación, se le olvidaron por completo las carencias del aposento, hasta que él, deteniéndose de repente, dijo con gran sorpresa:
—¿Por qué no tienes hoy encendida la chimenea?
Había nieve fuera, y Fanny estaba con un chal. Vaciló.