Mansfield Park
Mansfield Park Ahora Fanny estaba enfadada. Se le había despertado cierto rencor ante insistencia tan egoísta y tan poco generosa. Otra vez revelaba la falta de delicadeza y de consideración con los demás que al principio tanto la había sorprendido e indignado. Otra vez asomaba algo del señor Crawford de lo que tanto había reprobado antes. Qué evidente se hacía la grosera falta de sentimientos y de humanidad donde se interponía su propio placer… y, ¡ay!, cuán sabido es desde siempre que ningún principio señala como deber lo que el corazón no contiene. De haber tenido libre ella sus propios afectos, como quizá debía haber sido el caso, jamás los habría ganado él.
Así pensaba Fanny con franca sinceridad y serena tristeza, meditando ante el gran regalo y lujo de un fuego encendido arriba, perpleja ante el pasado y el presente, perpleja ante lo por venir, y presa de un nerviosismo que le impedía ver nada claro, salvo el convencimiento de que jamás podría amar al señor Crawford y la felicidad que era tener una chimenea encendida junto a la que sentarse a meditar.