Mansfield Park
Mansfield Park Edmund no fue reacio a dejarse convencer para ocuparse del asunto; querÃa saber cuáles eran los sentimientos de Fanny. Estaba acostumbrado a que acudiera a él en todas sus dificultades, y la querÃa demasiado para que le negara su confianza ahora; esperaba serle de ayuda, pensaba que debÃa ayudarla. ¿A qué otro podÃa abrirle el corazón? Y si no necesitaba consejo, sin duda necesitarÃa el consuelo de hablar. Que Fanny se mantuviera alejada de él, callada y reservada, era una situación anormal; una situación que debÃa romper, y que no tuvo dificultad en pensar que ella querÃa que rompiese.
—Hablaré con ella, señor; aprovecharé la primera ocasión en que estemos solos para hacerlo —dijo como conclusión de tales reflexiones; y al informarle sir Thomas de que en este mismo momento paseaba sola por los arbustos, salió al punto a su encuentro.
—Vengo a pasear contigo, Fanny —dijo—. ¿Puedo? —cogiéndose a su brazo—. Hace mucho que no damos un agradable paseo juntos.
Fanny asintió más con una mirada que con la voz. Estaba deprimida.
—Pero Fanny —añadió un momento después—, para que el paseo sea agradable hace falta algo más que caminar el uno junto al otro por la grava. Debes hablar conmigo. Sé que tienes algo en la cabeza. Sé en qué estás pensando. No creas que ignoro lo que pasa. ¿Tengo que enterarme por todos menos por la propia Fanny?