Mansfield Park
Mansfield Park Aunque Edmund estaba mucho más molesto con su tía que con su madre, dado que mostraba menos estima por su sobrina, no pudo sino hacer caso de lo que decía; y finalmente optó por una solución que evitaba el riesgo de que su padre pensase que había gastado demasiado, y al mismo tiempo proporcionaba a Fanny el medio inmediato de hacer ejercicio; porque no consentía que se quedase sin hacerlo. Él tenía tres caballos propios, aunque ninguno era apto para montarlo una mujer. Dos de ellos eran de caza; el tercero era un útil caballo de camino; decidió cambiar este tercero por uno que su prima pudiera montar; sabía dónde podía encontrarlo, y una vez decidido, efectuó el trato sin tardanza. La nueva yegua resultó ser un tesoro: con muy poco trabajo, se adaptó exactamente a la función para la que se la destinaba, y seguidamente Fanny tomó casi plena posesión de ella. No había imaginado que llegara a gustarle ningún animal tanto como su vieja jaca gris; pero el placer que le causó la yegua de Edmund superó todos los anteriores; y pensar por añadidura de qué manos recibía tal placer, fue algo que no pudo expresar con palabras. Consideró a su primo como un ejemplo de bondad y de grandeza, dotado de una valía que nadie más que ella era capaz de apreciar, y merecedor de su gratitud en una medida que ningún sentimiento podía colmar. Sus sentimientos hacia él estaban formados por todo cuanto era respetuoso, agradecido, confiado y tierno.