Mansfield Park
Mansfield Park Como el caballo seguía siendo, de nombre y de hecho, propiedad de Edmund, la señora Norris tuvo que consentir que Fanny lo utilizara; y de haber pensado otra vez lady Bertram en su objeción, Edmund habría tenido una excusa ante sus ojos para no esperar al regreso de sir Thomas en septiembre; porque llegó septiembre, y sir Thomas siguió ausente, y sin perspectiva de concluir sus asuntos. Habían surgido inconvenientes imprevistos cuando empezaba a pensar en el regreso a Inglaterra, y la gran incertidumbre en que todo se hallaba sumido entonces le decidió a mandar a casa a su hijo, y esperar solo a que se solucionasen definitivamente. Tom llegó sin percance, con noticias felices sobre la salud de su padre que valieron de poco a la señora Norris. El que sir Thomas enviase a su hijo le parecía hasta tal punto una preocupación de padre que teme algún mal para sí, que irremediablemente la asaltaron espantosos presentimientos; y cuando llegaron las largas noches de otoño, la atormentaron de tal modo esas negras ideas en la melancólica soledad de su casa que se vio obligada a buscar refugio diario en el comedor de Mansfield Park. No dejó de tener su efecto, sin embargo, el retorno de los compromisos de invierno; y cuando se celebraban, su atención estaba tan gratamente ocupada en vigilar los lances de su sobrina mayor que sus nervios se sosegaron aceptablemente. «Si el pobre sir Thomas tuviese la desgracia de no volver, sería un gran consuelo ver a nuestra querida Maria bien casada», pensaba a menudo, cada vez que la veía acompañada de algún hombre de fortuna; y sobre todo cuando les presentaron a un joven que acababa de heredar una de las propiedades más grandes de la región, con una mansión espléndida.