Mansfield Park
Mansfield Park —Vamos, Susan —exclamó la señora Price con voz quejumbrosa—, vamos, ¿cómo puedes tener ese genio? Siempre estás peleando por ese cortaplumas. Quisiera que no te enfadaras con tanta facilidad. ¡Pobre Betsey, cómo se enfada Susan contigo! Pero no debÃas haberlo cogido, cariño, cuando te he mandado que guardaras eso en el cajón. Sabes que te he dicho que no lo toques, porque Susan se enfada. La próxima vez lo esconderé, Betsey. Poco imaginaba la pobre Mary que dejaba una manzana de la discordia cuando me lo dio para que lo guardara, dos horas antes de morir. ¡Pobre criaturita! Apenas se la oÃa, pero lo dijo muy bien: «Quiero que mi cortaplumas sea para Susan, mamá, cuando me haya muerto». ¡Pobrecita mÃa! Le gustaba tanto, Fanny, que quiso tenerlo a su lado, encima de la cama, mientras duró su enfermedad. Se lo habÃa regalado su buena madrina, la vieja esposa del almirante Maxwell, seis semanas antes de que la muerte se la llevara. ¡Pobrecita mÃa! Bueno, ya no tendrá que sufrir. Betsey, mi vida —acariciándola—; tú no tienes la suerte de tener una madrina asà de buena. TÃa Norris vive demasiado lejos para pensar en niñas pequeñas como tú.