Mansfield Park
Mansfield Park Vivir en el ruido incesante era, para un cuerpo y un temperamento delicados y nerviosos como los de Fanny, un mal que ninguna elegancia o armonÃa sobreañadida habrÃa podido compensar enteramente. Ése era su sufrimiento más grande. En Mansfield no se oÃan disputas, ni voces, ni explosiones repentinas de malhumor, ni sonaban jamás pasos precipitados o violentos; todo discurrÃa con un orden alegre y regular; todo el mundo tenÃa su debida importancia; a todo el mundo se le consultaba su sentir. Si alguna vez se presumÃa que faltaba el afecto, el buen sentido y la buena crianza venÃan a suplirlo; y en cuanto a los pequeños enfados que a veces introducÃa tÃa Norris, eran breves, eran insignificantes, eran como una gota de agua en el océano, comparados con el tumulto incesante de su morada actual. AquÃ, todo el mundo era ruidoso, todas las voces eran fuertes —salvo la de su madre, quizá, que tenÃa la suave monotonÃa de la de lady Bertram, aunque quejumbrosa—; cualquier cosa que se necesitara se pedÃa a gritos, y las criadas se excusaban a gritos desde la cocina. Las puertas daban continuos golpazos, la escalera no descansaba, nada se hacÃa sin estrépito, nadie se estaba quieto sentado, y nadie lograba que le escuchasen cuando hablaba.