Mansfield Park
Mansfield Park Salían los Price al día siguiente hacia la iglesia cuando apareció otra vez el señor Crawford. Llegó no para retenerlos, sino para unirse a ellos; le pidieron que les acompañase a la capilla de la guarnición, que era exactamente lo que pensaba hacer, y se dirigieron allá todos juntos.
La familia tenía ahora otro aspecto. La naturaleza les había dotado de no poca belleza, y los domingos iban limpios y con sus mejores galas. El domingo siempre traía ese consuelo a Fanny, y esta vez lo agradeció más que nunca. Su pobre madre no parecía ahora indigna de ser hermana de lady Bertram, sino que merecía de sobra que la mirasen. A menudo la afligía observar el contraste entre las dos, pensar que donde la naturaleza había puesto tan poca diferencia las circunstancias hubieran puesto tanta, y que su madre, tan guapa como lady Bertram y con algunos años menos, tuviera un aspecto mucho más avejentado y marchito, tan abandonado, tan desaliñado, tan harapiento. Pero los domingos la transformaban en una muy digna y razonablemente alegre señora Price que salía con su preciosa prole, un poco liberada de los cuidados semanales, y que sólo se inquietaba si veía a los chicos en algún peligro, o si Rebeca pasaba junto a ellos con una flor en el sombrero.
