Mansfield Park
Mansfield Park El día era particularmente espléndido. En realidad era marzo; pero el buen tiempo, el aire fresco y suave, y el sol radiante que a veces escondía alguna nube durante un minuto, eran de abril; y todo parecía muy hermoso bajo la influencia de ese cielo: los efectos de las sombras persiguiéndose unas a otras sobre los barcos de Spithead y la isla, más allá, los tonos cambiantes del mar que ahora, en marea alta, danzaba jubiloso y se estrellaba contra las murallas con grato rumor, producían tal combinación de encantos para Fanny que, poco a poco, casi se volvió indiferente a las circunstancias en que los sentía. Más aún, de no haber ido cogida de su brazo, no habría tardado en necesitar cogerse a él, porque le faltaban fuerzas para un paseo de dos horas como éste, sobre todo después de una semana de inactividad. Fanny estaba empezando a notar los efectos de la privación de su ejercicio habitual; en lo que se refería a salud, había retrocedido desde que estaba en Portsmouth; y si no llega a ser por el señor Crawford y lo espléndido del tiempo, no habría tardado en encontrarse rendida.