Mansfield Park

Mansfield Park

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ésta era una carta que leyó ansiosamente de un tirón, releyó detenidamente, le proporcionó mucha materia de meditación, y lo dejó todo más en suspenso que nunca. Lo único cierto que pudo sacarse de ella fue que nada decisivo había ocurrido aún. Edmund todavía no había hablado. Qué pensaba la señorita Crawford en realidad; cuáles eran sus propósitos, o si reaccionaría con independencia o en contra de sus propósitos; si Edmund seguía teniendo para ella la misma importancia que antes de la última separación; si, en caso de haber perdido importancia, era probable que siguiera perdiendo aún más, o que la recuperara, fueron cuestiones de inacabables conjeturas y meditaciones durante ese día y muchos días sucesivos, sin que produjeran ninguna conclusión. La idea que más frecuentemente le venía era que la señorita Crawford, después de revelar con su vuelta a las costumbres londinenses que sus sentimientos se habían enfriado y vuelto titubeantes, aún aparecía al final demasiado prendada para renunciar a él. Intentaría ser más ambiciosa de lo que le permitía el corazón. Vacilaría, le atormentaría, le pondría condiciones, le exigiría, pero le aceptaría al final. Eso era lo que Fanny preveía con más frecuencia. ¿Una casa en la capital? Eso, pensaba, sería imposible. Sin embargo, no se sabía lo que la señorita Crawford era capaz de pedir. Cada vez veía peor las perspectivas de su primo. ¡Una mujer que cuando hablaba de él, lo hacía sólo de su físico! ¡Qué afecto más indigno! ¡Apoyarse en los elogios de la señora Fraser! ¡Ella que le conocía personalmente desde hacía medio año! Fanny sentía vergüenza de ella. Los pasajes de la carta que se referían sólo al señor Crawford y a ella misma la afectaron poca cosa en comparación. Si el señor Crawford iba a Norfolk antes o después del 14, era algo que le daba igual; aunque, bien mirado, pensaba que iría sin demora. Que la señorita Crawford forzase un encuentro entre su hermano y la señora Rushworth era propio de su peor conducta, y una imprudencia y una zafia crueldad; pero esperaba que él no obrase movido por tan degradante curiosidad. Él no reconocía semejante aliciente, y su hermana debía haberle supuesto mejores sentimientos que los suyos propios.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker