Mansfield Park
Mansfield Park Fanny reprimió lo mejor que pudo el curso de estos pensamientos, pero menos de medio minuto después se le ocurrió que sir Thomas era muy desconsiderado con su tía y con ella misma. En cuanto al objeto principal de la carta, nada encontraba en ella que aplacase su irritación. Su disgusto con Edmund casi rayaba en el enfado y la ofensa. «Es inútil esa demora —se dijo—. ¿Por qué no lo soluciona de una vez? Está ciego, y nada le abrirá los ojos; nada, después de haber tenido tanto tiempo las verdades delante de los ojos. Se casará con ella, y será pobre y desgraciado. ¡Quiera Dios que su influencia no le haga perder la dignidad! —Echó una nueva ojeada a la carta—. “¡El cariño que me tiene!” Pamplinas. Ésa sólo se quiere a sí misma y a su hermano. ¿Que sus amigas la han llevado por mal camino durante años? Lo más probable es que haya sido al revés. O puede que se hayan estado corrompiendo las unas a las otras; pero si es verdad que la quieren más que ella a ellas, probablemente no le han hecho otro daño que el de adularla. “La única mujer del mundo con la que podría pensar en casarme”. Me lo creo a pies juntillas. Ese amor le durará toda la vida. Aceptado o rechazado, su corazón se ha unido a ella para siempre. “Pienso que la pérdida de Mary supondrá la pérdida de Crawford y de Fanny”. Edmund, no me conoces. Jamás emparentarán las dos familias si no las emparentas tú. ¡Ah!, escríbele; escríbele. Termina de una vez. Pon fin a este suspenso. Decídete; prométete, condénate».