Mansfield Park
Mansfield Park Las ideas de Maria al respecto eran más vagas y confusas. No querÃa ver o entender. «No habÃa ningún mal en que le gustara un joven agradable… todo el mundo conocÃa su situación… Que el señor Crawford cuidara de sà mismo». El señor Crawford no pensaba que estaba en ningún peligro; las señoritas Bertram eran dignas de agasajo, y estaban dispuestas a dejarse agasajar; Henry empezó sin otra intención que la de caerles bien. No pretendÃa que enloquecieran por él; pero con un sentido común y un temple que deberÃan haberle hecho juzgar y comprender mejor, se permitió una gran libertad en este terreno.
—Me gustan una barbaridad tus señoritas Bertram, hermana —dijo, al volver de acompañarlas al coche, después de la citada cena—; son muy airosas y agradables.
—Sà que lo son; y me encanta oÃrtelo decir. Pero la que más te gusta es Julia.
—¡Por supuesto! La que más me gusta es Julia.
—¿De verdad? Pues parece que en general se considera a la señorita Maria Bertram la más guapa de las dos.
—Supongo que sÃ. Gana a su hermana en todos los aspectos, y me gusta más su cara… pero prefiero a Julia. La señorita Maria Bertram es sin duda más guapa, y la he encontrado de lo más agradable; pero siempre preferiré a Julia porque me lo has ordenado.