Mansfield Park
Mansfield Park Nada ocurrió al día siguiente, ni tampoco al otro, que mitigase sus terrores. Llegaron dos correos, pero no trajeron ningún desmentido público ni privado. No hubo una segunda carta de la señorita Crawford que aclarara la primera; no hubo noticias de Mansfield, aunque ahora había sobrada ocasión para que escribiera su tía. Era un muy mal presagio. A decir verdad, no había ni un atisbo de esperanza que le aliviara el alma. Y se hallaba en un estado deprimido, abatido y tembloroso que ninguna madre que no fuera insensible —exceptuando a la señora Price— habría dejado de notar, cuando al tercer día sonó una llamada lúgubre, y le pusieron nuevamente una carta en las manos. Traía matasellos de Londres, y era de Edmund.
Querida Fanny: