Mansfield Park
Mansfield Park —Un episodio precioso; y hay más verdad en él, sin duda, que honra para la señorita Anderson. Es un defecto demasiado corriente. Las madres no han dado hasta ahora con la manera correcta de manejar a sus hijas. No sé dónde está el error. No pretendo corregir a la gente, pero a menudo veo que está equivocada.
—Los que enseñan cómo debe ser la conducta de las mujeres —dijo el señor Bertram con galanterÃa—, se esfuerzan en mostrarles el buen camino.
—El error es evidente —dijo Edmund, menos cortés—: esas jóvenes han sido educadas mal. Les han inculcado ideas erróneas desde el principio. Siempre actúan movidas por la vanidad… y no hay una modestia sincera en su conducta antes de comparecer en sociedad, ni después.
—No sé —replicó la señorita Crawford dubitativa—. En eso no puedo estar de acuerdo con usted. Desde luego, es la parte menos grave del problema. Mucho peor son las jóvenes que aún no han debutado y se dan los mismos aires y se toman las mismas libertades que si lo hubieran hecho, como he visto yo que hacen algunas. Eso sà que es peor… ¡y de lo más desagradable!