Mansfield Park

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Capítulo VI

El señor Bertram se marchó a… y la señorita Crawford se dispuso a encontrar un gran vacío entre los jóvenes, y a echarle decididamente de menos en las reuniones que ahora se estaban volviendo casi diarias entre las familias; y cuando cenaban todos en el parque, poco después de irse él, ella volvió a ocupar su sitio al final de la mesa, esperando sentir la más melancólica diferencia con el cambio de señor. Iba a ser muy aburrido, estaba segura. Comparado con su hermano, Edmund no tenía nada que decir. Pasaban la sopa con la mayor monotonía, bebían vino sin una sonrisa o una broma, y se trinchaba el venado sin el acompañamiento de alguna anécdota graciosa sobre algún asado anterior, o de alguna historia divertida sobre «mi amigo fulano de tal». Trataba de distraerse con lo que ocurría en la cabecera, y observando al señor Rushworth, que hacía su aparición en Mansfield por primera vez desde la llegada de los Crawford. Había estado visitando a un amigo del condado vecino; y como este amigo había encargado recientemente a un arquitecto paisajista la reforma de su parque, el señor Rushworth había vuelto con la cabeza llena de ideas sobre el tema, y muy deseoso de reformar el suyo también; y aunque no decía mucho al respecto, era incapaz de hablar de otra cosa. El tema, que ya había sacado a re lucir en el salón, lo reavivó en el comedor. Su objetivo, evidentemente, era ganar la atención y la opinión de la señorita Bertram; y aunque la actitud de ésta denotaba más un afán de superioridad que un deseo de complacerle, la mención de Sotherton Court, y las ideas a ella vinculadas, le producían una complacencia que le impedía mostrarse desagradable.


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