Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Perdóname. Lo intentaré otra vez. Por ahora, no estoy enamorada de Wickham; es verdad, no lo estoy. Pero es, sin comparación, el hombre más agradable que jamás he visto; tanto, que no me importarÃa que se sintiese atraÃdo por mÃ. Sé que es una imprudencia. ¡Ay, ese abominable Darcy! La opinión que mi padre tiene de mÃ, me honra; y me darÃa muchÃsima pena perderla. Sin embargo, mi padre es partidario del señor Wickham. En fin, querida tÃa, sentirÃa mucho haceros sufrir a alguno de vosotros; pero cuando vemos a diario que los jóvenes, si están enamorados suelen hacer caso omiso de la falta de fortuna a la hora de comprometerse, ¿cómo podrÃa prometer yo ser más lista que tantas de mis congéneres, si me viera tentada? O ¿cómo sabrÃa que obrarÃa con inteligencia si me resisto? Asà es que lo único que puedo prometerte es que no me precipitaré. No me apresuraré en creer que soy la mujer de sus sueños. Cuando esté a su lado, no le demostraré que me gusta. O sea, que me portaré lo mejor que pueda.
―Tal vez lo conseguirÃas, si procuras que no venga aquà tan a menudo. Por lo menos, no deberÃas recordar a tu madre que lo invite.