Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Elizabeth movió la cabeza al leer la carta. Vio claramente que sólo por casualidad podrÃa Bingley descubrir que Jane estaba en Londres.
Pasaron cuatro semanas sin que Jane supiese nada de él. Trató de convencerse a sà misma de que no lo lamentaba; pero de lo que no podÃa estar ciega más tiempo, era del desinterés de la señorita Bingley. Después de esperarla en casa durante quince dÃas todas las mañanas e inventarle una excusa todas las tardes, por fin, recibió su visita; pero la brevedad de la misma y, lo que es más, su extraña actitud no dejaron que Jane siguiera engañándose. La carta que escribió entonces a su hermana demostraba lo que sentÃa: