Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Estoy segura, mi queridísima Lizzy, de que serás incapaz de vanagloriarte a costa mía por tu buen juicio, cuando te confiese que me he desengañado completamente del afecto de la señorita Bingley. De todos modos, aunque los hechos te hayan dado la razón, no me creas obstinada si aún afirmo que, dado su comportamiento conmigo, mi confianza era tan natural como tus recelos. A pesar de todo, no puedo comprender por qué motivo quiso ser amiga mía; pero si las cosas se volviesen a repetir, no me cabe la menor duda de que me engañaría de nuevo. Caroline no me devolvió la visita hasta ayer, y entretanto no recibí ni una nota ni una línea suya. Cuando vino se vio bien claro que era contra su voluntad; me dio una ligera disculpa, meramente formal, por no haber venido antes; no dijo palabra de cuándo volveríamos a vernos y estaba tan alterada que, cuando se fue, decidí firmemente poner fin a nuestras relaciones. Me da pena, aunque no puedo evitar echarle la culpa a ella. Hizo mal en elegirme a mí como amiga. Pero puedo decir con seguridad que fue ella quien dio el primer paso para intimar conmigo. De cualquier modo, la compadezco porque debe de comprender que se ha portado muy mal, y porque estoy segura de que la preocupación por su hermano fue la causa de todo. Y aunque nos consta que esa preocupación es innecesaria, el hecho de sentirla justifica su actitud para conmigo, y como él merece cumplidamente que su hermana le adore, toda la inquietud que le inspire es natural y apreciable. Pero no puedo menos que preguntarme por qué sigue teniendo esos temores, pues si él se hubiese interesado por mí, nos hubiésemos visto hace ya mucho tiempo. El sabe que estoy en la ciudad; lo deduzco por algo que ella misma dijo; y todavía parecía, por su modo de hablar, que necesitaba convencerse a sí misma de que Bingley está realmente interesado por la señorita Darcy. No lo entiendo. Si no temiera juzgar con dureza, casi diría que en todo esto hay más vueltas de lo que parece. Pero procuraré ahuyentar todos estos penosos pensamientos, y pensaré sólo en lo que me hace ser feliz: tu cariño y la inalterable bondad de nuestros queridos tíos. Escríbeme pronto. La señorita Bingley habló de que nunca volverían a Netherfield y de que se desharían de la casa, pero no con mucha certeza. Vale más que no mencione estas cosas. Me alegro mucho de que hayas tenido tan buenas noticias de nuestros amigos de Hunsford. Haz el favor de ir a verlos con sir William y María. Estoy segura de que te encontrarás bien allí.