Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―A ver, querida tÃa, ¿cuál es la diferencia que hay en cuestiones matrimoniales, entre los móviles egoÃstas y los prudentes? ¿Dónde acaba la discreción y empieza la avaricia? Las pasadas Navidades temÃas que se casara conmigo porque habrÃa sido imprudente, y ahora porque él va en busca de una joven con sólo diez mil libras de renta, das por hecho que es un cazador de dotes.
―Dime nada más qué clase de persona es la señorita King, y podré formar juicio.
―Creo que es una buena chica. No he oÃdo decir nada malo de ella.
―Pero él no le dedicó la menor atención hasta que la muerte de su abuelo la hizo dueña de esa fortuna...
―Claro, ¿por qué habÃa de hacerlo? Si no podÃa permitirse conquistarme a mà porque yo no tenÃa dinero, ¿qué motivos habÃa de tener para hacerle la corte a una muchacha que nada le importaba y que era tan pobre como yo?
―Pero resulta indecoroso que le dirija sus atenciones tan poco tiempo después de ese suceso.
―Un hombre que está en mala situación, no tiene tiempo, como otros, para observar esas elegantes delicadezas. Además, si ella no se lo reprocha, ¿por qué hemos de reprochárselo nosotros?