Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Y dÃgame, ¿cuál es el precio normal de un hijo menor de un conde? A no ser que el hermano mayor esté muy enfermo, no pedirán ustedes más de cincuenta mil libras...
Él respondió en el mismo tono y el tema se agotó. Para impedir un silencio que podrÃa hacer suponer al coronel que lo dicho le habÃa afectado, Elizabeth dijo poco después:
―Me imagino que su primo le trajo con él sobre todo para tener alguien a su disposición. Me extraña que no se case, pues asà tendrÃa a una persona sujeta constantemente. Aunque puede que su hermana le baste para eso, de momento, pues como está a su exclusiva custodia debe de poder mandarla a su gusto.
―No ―dijo el coronel Fitzwilliam―, esa ventaja la tiene que compartir conmigo. Estoy encargado, junto con él, de la tutorÃa de su hermana.
―¿De veras? Y dÃgame, ¿qué clase de tutorÃa es la que ejercen? ¿Les da mucho que hacer? Las chicas de su edad son a veces un poco difÃciles de gobernar, y si tiene el mismo carácter que el señor Darcy, le debe de gustar también hacer su santa voluntad.