Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Le gusta hacer su santa voluntadreplicó el coronel Fitzwilliam―. Pero a todos nos gusta. Sólo que él tiene más medios ―para hacerlo que otros muchos, porque es rico y otros son pobres. Digo lo que siento. Usted sabe que los hijos menores tienen que acostumbrarse a la dependencia y renunciar a muchas cosas.
―Yo creo que el hijo menor de un conde no lo pasa tan mal como usted dice. Vamos a ver, sinceramente, ¿qué sabe usted de renunciamientos y de dependencias? ¿Cuándo se ha visto privado, por falta de dinero, de ir a donde querÃa o de conseguir algo que se le antojara?
―Ésas son cosas sin importancia, y acaso pueda reconocer que no he sufrido muchas privaciones de esa naturaleza. Pero en cuestiones de mayor trascendencia, estoy sujeto a la falta de dinero. Los hijos menores no pueden casarse cuando les apetece.
―A menos que les gusten las mujeres ricas, cosa que creo que sucede a menudo.
―Nuestra costumbre de gastar nos hace demasiado dependientes, y no hay muchos de mi rango que se casen sin prestar un poco de atención al dinero.
«¿Se referirá esto a m�», pensó Elizabeth sonrojándose. Pero reponiéndose contestó en tono jovial: